Crónica de una escuela

La escuela desde sus inicios se plantea una problemática ligada al hábitat de su región, sin eludir el tratamiento de los fenómenos universales que allí se proyectan

Jóvenes
Escriban lo que quieran
En el estilo que les parezca mejor
Ha pasado demasiada sangre bajo los puentes
Para seguir creyendo -creo yo
Que sólo se puede seguir un camino:
En poesía se permite todo.
Nicanor Parra

(“Obra gruesa”. Editorial Universitaria. Santiago, 1969)

Enero, 1969


Con este poema, recién publicado en Chile en el mes de Enero, comienza el texto de la página editorial de la revista AUCA titulado: “Nueva escuela de arquitectura: Concepción”[1], dando cuenta del hecho ocurrido en el mes de Mayo del presente año en su edición del mes de Diciembre. Un hecho se ha sucedido tras de otro, durante el mismo año.

Por estos días se vive una crisis generalizada en el país y en el mundo luego de las revueltas estudiantiles que han seguido el estallido de movimientos sociales que habían comenzado con la década. Las antiguas instituciones tiemblan pues las comunidades, más que seguir creyendo en utopías: hacer reformas y trabajar sobre proyectos más inmediatos y concretos ya estaba siendo la preocupación de muchos en aquel entonces[2]. Y Concepción no es la excepción. La ciudad recién comienza a levantarse luego del cruento terremoto que la sacude el año 1960, bajo la guía de un nuevo plan regulador y la oleada entusiasta de jóvenes arquitectos venidos del centro del país quienes -junto a otros profesionales calificados, se vienen a trabajar en la reconstrucción ya sea empleándose en los servicios públicos o dedicándose al ejercicio libre de la profesión. En efecto, hacia fines de la década un grupo de estos jóvenes arquitectos, -algunos de ellos vinculados con la revista AUCA de Santiago-, que ve la necesidad de preparar nuevos arquitectos para la reconstrucción y para el desarrollo de la región, elabora un proyecto de escuela con sus programas y fundamentos. El proyecto ha generado controversia en la región y en el país, debido fundamentalmente al centralismo santiaguino y a la reticencia del Colegio de Arquitectos nacional de apoyar su creación[3]. Sería la primera escuela fuera del centro del país, pues ya existen dos en Santiago —de la Universidad de Chile y de la Pontificia Universidad Católica—, y una en Valparaíso —de la Universidad Católica de Valparaíso. Finalmente, con el apoyo del Colegio de Arquitectos regional -y luego del rechazo inicial de las más antiguas instituciones universitarias que urgidas por las reformas evitan embarcarse en un nuevo proyecto de escuela-, el proyecto fue acogido por la Universidad Técnica del Estado sede Concepción. Una universidad joven, vigorosa, en pleno desarrollo de sus potencialidades de reforma, asume la responsabilidad social de crear esta escuela e integrarla a su estructura académica[4]. El equipo de fundadores estuvo constituido por: Víctor Lobos, Alejandro Rodríguez, Pedro Tagle y Osvaldo Cáceres, ex-docentes de la Universidad de Chile; Roberto Goycoolea, egresado de la Universidad Católica; y Alejandro Durán, egresado de la Universidad Católica de Valparaíso.[5]. ¿Cómo sería una escuela de arquitectura en tiempos de crisis?

26 de Mayo de 1969

“Su origen en el seno de una universidad técnica estatal, con compromiso social y alimentada por los estratos medios de la población trabajadora; su fuerte caracterización regional y la ausencia de tradiciones, personajes y categorías docentes ya consagradas en la disciplina son tres factores que le confieren a la nueva Escuela de Arquitectura de Concepción una ventaja inicial sobre sus congéneres universitarias”[6] dice textualmente el editor, casi como si fuera la declaración de principios de un acto fundacional.

Efectivamente, la escuela desde sus inicios se plantea una problemática ligada al hábitat de su región, sin eludir el tratamiento de los fenómenos universales que allí se proyectan. Se encuentra ubicado en un medio industrial de gran potencialidad lo que hará posible la dialéctica universidad-producción, clave del desarrollo[7]. Concepción, por su prometedor desarrollo industrial, por sus características metropolitanas y por ser centro de enseñanza superior de la zona sur del país, estaba reclamando la formación de especialistas idóneos en las disciplinas arquitecturales. Aquí se presenta un campo virgen para la investigación y el desarrollo de técnicas en provecho de los recursos de la región, aptas para la definición de sus centros urbanos y para preservar sus riquezas culturales e históricas.

Por otra parte la escuela asume la búsqueda de un camino y de nuevas metodologías para educar a las generaciones jóvenes, en un momento en que se produce un proceso universal de revolución en la juventud, una etapa de puesta en duda de los valores tradicionales, sumado a la crisis de la arquitectura contemporánea en el mundo entero[8]. La ausencia de tradiciones, personajes y categorías docentes ya consagradas en la disciplina es una ventaja y un riesgo. Si hasta hacía 50 años de las escuelas de arquitectura salían generaciones esterilizadas por el academismo grecolatino de sus eruditos profesores, sin capacidad para enfrentar el mundo que despuntaba en el nuevo siglo, esto mismo podría estar sucediendo con aquellos que se forman ahora al alero de la arquitectura moderna. Lo que al inicio parecía una oferta formal novedosa resultaba muchas veces vacío de contenido y vigencia para con nuestra propia realidad[9].

Hacia el año 1972, la nueva escuela de la UTE, sede Concepción, reúne a docentes arquitectos y artistas provenientes de las diversas escuelas de Chile, quienes declaran enseñar proyectos construibles. En 1973, con el golpe militar, la escuela sufre la desaparición de uno de sus fundadores, el exilio de algunos de sus profesores y la desarticulación de sus programas y planes de estudio.

Crisis

La crisis se produce cuando
lo viejo no acaba de morir
y lo nuevo no acaba de nacer…
(Bertolt Brecht)
Pero las bases están echadas. En tiempos de crisis la escuela -como lugar de iniciación y base de transmisión del saber hacer proyectos[10], parafraseando a Giorgio Grassi-, se ha propuesto formar a los jóvenes que harán arquitectura para los nuevos tiempos. Pero, ¿de qué arquitectura estamos hablando?

Está claro. La arquitectura para tiempos de crisis está libre de los estilos, pero está atenta a dar lugar, aquí y ahora, a lo que está (des)apareciendo. Una arquitectura moderna y presente, sin conservadurismos ni de tabula rasa. La arquitectura para la crisis es entre nosotros, y en tanto habitamos, un arte de construir.


Rodrigo Lagos Vergara
Concepción, 2015



[1]Revista AUCA 16 (Revista de Arquitectura, Urbanismo, Construcción y Arte). Santiago, 1969.
[2]Lagos, Rodrigo. Artículo “Enseñanza de la arquitectura, movimiento universitario y reformas en Chile (1964-1973). Revista 180 2013. Revista 180 No 32. 2013.
[3]Cáceres, Osvaldo. “Sobre la enseñanza de la arquitectura en Chile”, documento inédito, 1997.
[4]AUCA, 1969; Lagos, 2013.
[5]Cáceres, 1997.
[6]AUCA, 1969.
[7]AUCA, 1969.
[8]AUCA, 1969; Lagos, 2013.
[9]AUCA, 1969.
[10]“Actitud cognitiva que se transmite desde una base y que se constituye como hecho colectivo”. Grassi, Giorgio, “La arquitectura como oficio y otros escritos”. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1980.

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